Auschwitz, con un nudo en la garganta.


Tenía que haber escrito este post cuando hice el viaje a Cracovia, hace más de un año. Pero de verdad esta visita me resultó tan dura, que me daba la sensación que hablar de ello era promover el dolor y el horror. Me he propuesto reabrir esta maleta y escribir de nuevo. Y por qué no empezar con aquella visita que no pude hacer sin llevar un nudo en la garganta y un revoltijo en el estómago.

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Auschwitz para mí era un lejano retazo de historia que no se tenía que repetir. No pensaba, la verdad sea dicha, que me fuera a afectar tanto como para que confluyeran en mi tantos sentimientos a la vez: rabia, dolor, horror, vergüenza… Había visitado algún cementerio judío, pero no me había sentido este gran drama vivido hace poco más de 70 años hasta visitar este campo de concentración. ¡Sólo hace 72 años!

El trayecto desde Cracovia a Auschwitz era ya un poco premonitorio. Apenas una hora de recorrido por una carretera entre árboles, un cielo oscuro y con niebla. Bastante silencio en el autobús (probablemente por la hora temprana y el madrugón, sí… pero silencio).

Al llegar, Ernesto Travel nos tenía preparada nuestra visita con un guía que creo fue fundamental para meternos en la situación. Era un tipo grande y serio, de voz grave y un relato profundo, con pausas que parecían cuidadosamente estudiadas para dar tiempo al visitante a visualizar lo vivido allí.

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Luego pensé que siendo polaco (aunque la visita era en castellano) probablemente lo que narraba era la experiencia de algún familiar cercano, bisabuelo, abuelo… que habría vivido (ojalá sobrevivido) a aquel horror.  Y entendí entonces aquel tono serio y triste.

La visita se realiza en dos partes: la primera en el campo principal de Auschwitz I, donde permanecían unos veinte mil prisioneros, y Auschwitz II – Birkenau. Pasar bajo arco de Auschwitz ya da escalofríos. La visita recorre los barracones donde se hacinaban los presos y sus dependencias, para luego ser exterminados en la cámara de gas, la guillotina o el paredón.

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Piden respeto en la difusión de las imágenes que muestran más horror, y por supuesto se lo voy a dar. Las enormes salas acristaladas donde se acumulaban los objetos personales de los presos son verdaderamente impactantes. Maletas, ropa de niños pequeños, zapatos… pelo.

Por si era poco el espacio para el horror, la ampliación de Auschwitz II – Birkenau completa el conjunto que se convirtió en el mayor campo de exterminio. Está a un par de kilómetros. Aunque yo no hice la visita completa (el campo alberga un museo y se puede subir a la torre y ver la panorámica), me sobró ver esa vía de tren, el final del trayecto de tantos, e imaginar.

Auschwitz fue liberado por las tropas rusas un frío 27 de enero de 1945. 2.819 supervivientes permanecían allí, moribundos. Los soldados soviéticos encontraron 348.820 trajes de hombre y 836.255 abrigos y vestidos de mujer.

No tengo más palabras para describir cómo me sentí en esta visita. ¿Tu has visitado este u otros campos de exterminio? ¿Cómo fueron esos sentimientos?

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